jueves, 19 de marzo de 2015

María Gracia y María de los Ángeles, benditas sean: Siamesas zulianas buscan la separación (Fotos+video)

María Gracia y María de los Ángeles fueron un embarazo "totalmente sano", destacó su madre

María Gracia y María de los Ángeles fueron un embarazo “totalmente sano”, destacó su madre



Sus inocentes miradas se cruzan constantemente. Hablan entre ellas en su idioma, o al menos eso pareciera. Con la ayuda de una andadera, dan pasos como si estuviesen siendo coordinadas por un instructor, y así caminan por toda la casa, ríen, juegan, rayan las paredes, viven. Para sus padres, las siamesas zulianas María Gracia y María de los Ángeles, de 3 años, son más que hijas; son «ángeles bendecidos».


El hogar de la familia Parra Ugarte, ubicado en el sector Sabaneta de Maracaibo, estado Zulia, donde habitan las gemelas que nacieron adheridas por el pecho y abdomen superior en el Hospital Adolfo Pons, se ilumina con las sonrisas de «Las Marías», como está escrito en una decoración de su habitación rosada.


Ana María Ugarte, madre de las niñas, quienes también conviven con su hermana mayor Adriana Liseth, de 14 años, se enteró de la condición de sus hijas al cuarto mes de gestación. En aquel momento escuchó un sinfín de opiniones y comentarios, incluso la fría posibilidad de un aborto. Sin embargo, ni por un instante, eso último fue una opción.


En uno de cada 200 mil partos existe la posibilidad de que los bebés nazcan siameses, y eso es solo un error de la naturaleza. No hay, hasta hoy día, argumentos científicos que expliquen con exactitud por qué dos cuerpos pueden nacer pegados, fue la respuesta de un galeno que recibió Emilio Parra, papá de las menores, al preguntar el diagnóstico.


Emilio Parra, Ana María Ugarte y sus hijas siamesas

Emilio Parra, Ana María Ugarte y sus hijas siamesas



Cuando «Las Marías» nacieron, las esperanzas de vida que les dieron los médicos no fueron muy alentadoras. Pero ya van tres años de desarrollo normal y ahora buscan su mayor anhelo: la independencia corporal.


Emilio y Ana están seguros de que su fe es el mayor combustible en la carrera por la separación, saben y sienten que lo van a lograr y que, en un futuro cercano, las infantes ya no serán siamesas.


Tiempo atrás, los especialistas que atendían a las gemelas dijeron que la división era imposible, pero Federico Borges, un nuevo pediatra cardiólogo quien las atiende en Caracas, tras efectuar y analizar una serie de exámenes, entre esos un ecocardiograma y una angiotomografía cardiaca, afirma que la cirugía es factible, pero en territorio estadounidense, donde están los tres centros de salud del mundo con los mejores equipos para ejecutar tan delicada operación: Stanford Children’s Hospital, Texas Children’s Hospital y Boston Children’s Hospital.


María Gracia y María de los Ángeles poseen todos sus órganos individuales, salvo el corazón, que está más del lado de la segunda, por lo que ella se quedaría con él. Es por eso que, para Borges, las niñas deben ir al Texas, que tiene experiencia en casos de siamesas, con el objetivo de que sean separadas y María Gracia obtenga un trasplante cardiaco.


Unión, fuerza

Si no se levantan al mismo tiempo, la primera gemela que abra sus ojos despierta a la otra. Dependiendo de la dirección que tomen, una camina hacia adelante y la otra hacia atrás, a la vez, para ir al mismo punto. Pareciera que su fuerza va más allá de la unión de sus cuerpos; es algo interno.Marias (17)


Aunque María Gracia y María de los Ángeles, quienes pesan 23 kilos juntas, son casi idénticas: blancas, cabellos cortos castaños y ojos oscuros, piel tersa gracias a las cremas que les aplica su madre, sonrisas y miradas angelicales, también tienen sus diferencias.


«María Gracia, tremenda, dominante; María de los Ángeles, tranquila, más cariñosa, fue la primera en decir “mami”», describe Ana con ojos brillosos al ver a las gemelas dibujar en la sala de la casa, donde se observan una Biblia abierta y cojines y placas con las frases «Eres una bendición» y «Dios te bendiga».


La andadera la usan porque todavía tienen miedo de caminar por sí solas, opina el padre, quien las ve fijamente y les dice con afecto y aliento: «ustedes pueden, ¿verdad que sí?».


La ropa de las niñas, de la cintura hacia arriba, es de botones, broches o tiritas, de modo que pueda amarrarse al colocarse de frente y entrelazarse como si fuese una sola vestimenta.


Cuando no están comiendo alguno de sus alimentos líquidos, están en su cuarto entretenidas con juegos didácticos, de cocina, colores o muñecas, aunque estas últimas no les gustan, detalla la progenitora.


En televisión suelen reír con programas como El Mundo de Luna, Dora, la exploradora y Peppa, donde han aprendido incluso ciertas palabras que pronuncian en su inglés particular: «guau, senkiu [sic] ».


Cuando están solas, también se puede ver cómo María Gracia y María de los Ángeles se peinan y acarician las cabezas mutuamente. En ocasiones caminan agarradas de las manos. Esa unión que demuestran, difícilmente, tiene adjetivos para describirse.


Fe

«Seguimos creyendo en Dios, todo se ha dado en sus pasos y en su tiempo. Nuestra fe nos ha hecho ver más allá y hemos conseguido, después de tres años, la oportunidad de la separación», dice con entusiasmo Ana.


Emilio agrega: «María Gracia y María de los Ángeles son una bendición, son ángeles enviados por Dios con un propósito, y nosotros fuimos escogidos para esa hermosa misión».


Aun sin un presupuesto concreto, los padres empezarán una campaña para recaudar fondos y lograr llevar a las siamesas a EE UU, donde se prevé que se sometan a la cirugía que las hará tener su propio cuerpo.


Tras la entrevista, María Gracia y María de los Ángeles, sonrientes, despiden a los visitantes y regresan a su habitación. Ellas seguirán en su mundo feliz, mientras sus padres empiezan la carrera por su libertad física.





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David Contreras


Fotos: David Moreno


Noticia al Día


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