Las hermanas Ana María y Natalia Rodríguez Díaz nacieron en el estado Aragua, y aunque fueron trillizas, una de ellas no logró sobrevivir, solo las dos niñas siamesas unidas por el hígado, disfrutan del milagro de la vida.
Pasarían nueve meses y cuatro intervenciones quirúrgicas para lograr la separación definitiva de las infantes, la cual se realizó en la Clínica Santa Sofía de Caracas.
Un equipo multidisciplinario, encabezado por las doctoras Miriam Pulido y Alida Pascualone, fueron las encargadas de realizar, la primera, un diagnóstico inicial de las pequeñas y la segunda la separación de las niñas en la intervención.
La primera operación que se le realizó a las bebés fue a los cuatro meses, en esa oportunidad se le colocaron unos expansores para lograr que la piel tuviera el tamaño ideal al momento de separarlas, luego vendría la segunda operación en que se corrigió la posición del expansor y en la tercera se le quitó el expansor a Natalia debido a que lo rechazó, explicó la clínica en un comunicado.
Para la cuarta operación todo estaba a punto para la separación y finalmente se logró luego de cinco horas en el quirófano.
Los médicos se dividieron en dos equipos para realizar el procedimiento, en total participaron dos cirujanos principales, dos anestesiólogos, dos cirujanos plásticos y dos ayudantes, así como el equipo de instrumentistas y enfermeras para cada paciente.
Al inicio de la operación los cirujanos se encargaron de dibujar en su piel el camino idóneo para la incisión. Seguidamente, los cirujanos principales se abocaron a la separación de las niñas. Finalmente, cada equipo trabajó de manera independiente en reparar el hígado y cerrar incisiones.
Seguidamente las hermanitas fueron trasladadas a la unidad de cuidados intensivos donde las recibió la doctora Nora Rodríguez.
“Se recuperaron satisfactoriamente sin ningún problema. Luego de la operación estuvieron con un respirador artificial por 48 horas, estuvieron en la unidad de cuidados intensivos un tiempo relativamente corto, después fueron pasadas a una habitación como cualquier paciente”, cuenta Rodríguez.
La galena agrega que algo muy curioso pasó con las hermanitas y es que luego de la separación tuvieron que volver a unirlas.
“Luego de la operación cada una se encontraba en una cama diferente, pero una vez tomaron consciencia tuvimos que colocarlas en una misma cama debido a que se extrañaban y lo único que sirvió para calmarlas fue volver a ponerlas juntas”, dice Rodríguez.
Las niñas se recuperaron rápidamente. Natalia estaba lista para irse a casa a la semana de la operación. Mientras que Ana María debía esperar unos días más. Por su edad, aún no se sientan ni caminan, pero ahora, luego de la separación, ambas deben continuar en control neurológico y pediátrico e iniciar la fisioterapia necesaria para corregir la curvatura de columna que poseen.
Asimismo deberán seguir con sus chequeos médicos para que garantizar que crezcan sanas y lleven una vida normal.
EÚ
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